¿Qué es lo que realmente define nuestro género? ¿Los cromosomas X, Y?

En este universo de posibilidades todo puede suceder incluso desde el inicio de nuestra existencia.

En la primera fase de gestación, un feto que tiene genes masculinos (Cromosomas XY) generalmente se desarrolla con genitales masculinos. Y un feto femenino con genes femeninos (Cromosomas XX) desarrollará genitales femeninos.  Esto es lo que ocurre normalmente en el 99% de los casos. Los médicos que asisten el parto y los padres simplemente miran los genitales de la criatura y la declaran niño o niña.  ¿Qué pasa con ese 1% de los casos, que resta?

Los que son identificados como niños generalmente crecen como hombres con su respectiva  identidad de género masculina, y aquellas que son identificadas como niñas normalmente maduran como mujeres con su identidad de género femenina. Sin embargo, de estos un 5% pueden desarrollarse como homosexuales y buscarán pareja sendos de su mismo sexo, y se identificarán con su género definido desde el nacimiento.  Los heterosexuales se identifican con el sexo definido desde el nacimiento y buscan pareja del sexo opuesto.

En su mayoría los infantes pueden presentarse como niños o niñas sin temor a equívocos, sin embargo, en algunas ocasiones, variados contextos genéticos pueden conducir a que se presenten genitales ambiguos de tal manera que los médicos no pueden definir con certeza el género del bebé.  En otros casos, los genitales pueden definirse a un sexo pero no son congruentes con los genes del niño.  Estos individuos con estas variantes genéticas y genitales suelen identificarse como Intersexuales, puede presentarse en uno de cada mil nacimientos.

En la gestación puede suceder que un individuo XY (varón genético) no responde a las hormonas fetales masculinas y desarrolla genitales con apariencia femenina, excepto porque  no desarrolla órganos reproductivos al interior, se identifican como niñas y se educan como tal, pero en su época adolescente o incluso en edad adulta descubren que no pueden concebir descendencia, estudios dicen que sucede en uno de cada trece mil nacimientos.  Y están los casos donde la apariencia de los genitales puede estar en cualquier nivel del rango femenino o masculino.

Todo parece llevarnos a replantear que no es la apariencia biológica, o nuestros cromosomas XX, XY quienes pueden especificar nuestro género o sexo como masculino o femenino.  En muchos casos los genes del infante son más complejos que simplemente XX o XY, como su desarrollo físico y de género.  He aquí que esta situación la puede resolver el Cerebro, hoy considerado órgano sexual.  Es el cerebro el órgano crítico para el desarrollo psicológico-sexual y la adaptación al mundo.

En este mundo existen diversas posibilidades, y tal como existen deben ser aceptados y reconocidos, olvidémonos de clasificar o identificar en dos términos, olvidémonos de discriminar sólo por nuestra falta de conocimiento a aquellos individuos que presentan características diferentes, en este caso en la sexualidad, o porque se presentan en menor cuantía.

Los adolescentes pugnan internamente con su desarrollo psicológico-físico-sexual y deben además llevar a cuestas las fobias o tabúes de la sociedad, desde la familia.  Si para los adolescentes que identificamos como normales (hombre-mujer) es complejo llevar esta etapa, considera como puede ser para alguien que no cumple estas “condiciones” establecidas por el hombre.  Dime sino es demasiado reconocerse y adaptarse al mundo sexual, desde que se es adolescente, como para tener que sobrepasar los temores y/o curiosidad de la sociedad, a quien a todo lo que teme o no conoce llama: monstruosidad.